Cándida se estrena en Madrid
Saludos desde mi modesto puesto lúdico-informático a todos los amigos y amigas interconectados en esta fabulosa red de redes. Hoy es viernes, 22 de diciembre, y a la comprensible alegría que reina en ciertos hogares sorianos, madrileños y asturianos (por aquello de haber arañado una lujuriosa cantidad de dinero en el sorteo navideño) se unen emociones contenidas, expectativas desbordadas y taquicardias desbocadas ante el estreno de la película Cándida en todos los cines de España.
Si han seguido con atención las noticias despachadas en este bloc o cuaderno, habrán sabido que el estreno absoluto tuvo lugar la semana pasado en Martos (localidad natal de nuestra amiga) y que hace tres días se realizó un pase especial para la prensa. Bien, pues antes de que el largometraje llegara hoy a las salas comerciales todavía hubo que organizar lo que los artistas llaman «preestreno», que no es otra cosa que proyectar la película en un cine puntual para que la vean los familiares del poblado equipo técnico y artístico que conforma el rodaje de una obra como ésta.
El evento tuvo lugar en la noche de ayer en un complejo situado a las afueras de Madrid conocido como Kinépolis, enclave polivalente y compartimentado en el que se exhiben varias películas al mismo tiempo. Tres de sus salas se dedicaron a Cándida, y como ya he indicado, las tres estaban repletas de los artistas que han intervenido en el film, de los técnicos que la han hecho posible y de la numerosa parentela de ambos equipos, así como de algún rostro popular y no pocos periodistas (se ve que no tuvieron bastante con el pase que se hizo el martes para ellos). Como fiel informador de todas las andanzas de Cándida, no podía perderme un acto tan señalado, así que, vestido con mis mejores galas, me apunté al sarao con inquebrantable determinación. Lo más notable nada más llegar al enorme centro de exhibición era la presencia de una alfombra roja que conducía a los invitados desde el taxi hasta la misma puerta del cine; tal cual lo he visto yo en la única gala que me gusta casi tanto como la de «Murcia, qué hermosa eres», me refiero a la de los Oscar. Por allí transitó nuestra Cándida, saludando a diestro y siniestro con una franca sonrisa que indicaba gozo y emoción a partes iguales. Como buen conserje portero con categoría de bedel que soy, sepan que tomé buena nota del aspecto de la protagonista principal de la película: vestido largo de dos piezas con falda negra y camisa en tonos blancos y negros, aderezado con perlas regordetas. Si les interesa mi opinión, la Cándida lucía elegante, coqueta y lujosa.
No estaba sola en un momento tan crucial; además de don Guillermo Fesser, director de la película que, como ya he dicho en textos anteriores, no se ha despegado estos días de la nueva actriz, Cándida tenía bien cerca a su hermano Antonio, sus hijos Jesús y Juani, dos nietas y una bisnieta. Antes de la proyección, una nutrida representación de los artistas que aparecen en la película subió al estrado y don Guillermo pronunció unas palabras. Todo listo para que una nueva hornada de espectadores se sumaran a la larga lista de gente que ha visto Cándida: puedo dar fe que las sonrisas y lástimas que desgrana la película hicieron mella en el público presente, que tan pronto pasaba del amago de carcajada a la emoción contenida. La larga y cálida ovación final atestigua el beneplácito genérico que la audiencia obtuvo de la proyección; tenían que ver cómo achuchaban a Cándida a la salida del cine. Claro que, como siempre pasa en el mundo del cine (ya estoy aprendiendo sus códigos), la cosa no se acababa con la mera proyección; lo que ayer tocaba, ya entrada la noche, era una fiesta en toda regla, es decir, un fiestón como sólo los artistas saben hacerlo. La juerga no fue improvisada sino que estaba más que organizada en un local preparado para tales eventos; fíjense si ya se trataba de un sitio bullanguero que hasta tenía nombre de marca de tabaco (disculpen mi indecisión pero no sé si era Marlboro o Chesterfield). Allí se reunieron no pocos músicos de los que han participado en la grabación de la banda sonora dispuestos a tocar en directo, suceso celebrado con disparada algarabía por los presentes, como no podía ser menos. Después de eso, sólo restaba beber, bailar y reír, pero yo me debía al puesto que con tanto orgullo ocupo en la portería de mi señorial edificio, así que me retiré más pronto que tarde. Por cierto, cuando me fui, la buena de Cándida bailaba en el centro de la pista con una felicidad contagiosa instalada en el rostro.







