Cándida en todas partes
Estimados colegas de afición virtual: aquí Flores al aparato, expresión que, aunque suele utilizarse en alocuciones telefónicas, creo que no pierde sentido al verme enfrentado a una maraña de máquinas y artilugios conectados entre sí por cables de colores: un teclado pinturero, una pantalla fachendosa y una unidad central de proceso o CPU (por cierto, no entiendo a qué viene tal desorden en las siglas, en vez del más correcto UCP).Mañana viernes, por fin, es el gran día del estreno de la película de Cándida en todos los cines de España; no sé ustedes pero yo sigo enfrascado y atónito la fulgurante carrera de nuestra amiga en esto del cine. Anteayer mismo, como quien dice, era una empleada doméstica (eso sí, de las mejores), después se pasó a la crítica cinematográfica y ahora forma parte del mundo de los artistas. Eso es una carrera digna de Bahamontes, por citar a un deportista reciente. En el post anterior les narraba mi fascinación en la rueda de prensa de Casa Patas donde el equipo de la película relató los avatares del rodaje; yo pensaba que con tantos micrófonos, máquinas de retratar y tomavistas como allí se reunieron, los periodistas ya tenían bastante material como para llenar todo un Informe Semanal si fuera preciso, pero lo que estoy viendo estos días supera cualquiera de mis expectativas. Ahora les explico después de este punto y aparte.
Resulta que sí he visto imágenes de la rueda de prensa en algún Telediario, pero se ve que los periodistas y las artistas que salen en la tele no tienen bastante con eso, por eso la propia Cándida se ha ido a los mismos estudios televisivos para seguir hablando de la película que ha rodado. Y como es tan generosa, siempre se lleva al director con ella para que también se asome y puedan verlo en su casa. Es así que Cándida y Guillermo Fesser forman una digna pareja del hecho artístico, y de la mano se han paseado por platós de todos los colores. Intentaré hacer repaso de las entrevistas que yo he visto, aunque sé que ustedes disculparán la torpeza de la narración y la imprecisión de los datos; dispongo de un modesto televisor a color en la garita de mi portería, pero los quehaceres propios de mi condición me impiden permanecer atento a la pantalla, tal y como recomiendan los locutores antes de los intermedios.
Estuvieron de visita en un programa de ese nuevo canal llamado La Sexta donde fueron entrevistados por un cómico llamado El Gran Wisconsin (eso me pareció entender, no me hagan mucho caso), un tipo curioso que habla rápido y que, por cierto, se parece a Luis Buñuel (como ven, también participo de cierta afición cinéfila). Al día siguiente se anduvieron sin rodeos por un programa que tiene nombre de colonia (me viene a la cabeza Varón Dandy, pero no es ése); lo presenta un venezolano muy salado y estiloso llamado Boris junto a una chica preciosa y muy preparada que responde por Ana Mondariz (sí, sí, como la célebre factoría de agua embotellada).
Digo yo que todos los platós catódicos estarán en la misma calle, porque esa misma noche aparecieron en Buenafuente (sinceramente, no sé si el nombre corresponde al programa o al presentador), donde no faltaron las sonrisas y lástimas de Cándida, una mujer que no me saca del asombro. Y no crean que ahí acabó la cosa; hoy mismo los he visto con doña Ana Rosa Quintana, famosa locutora de la que me declaro rendido admirador y a la que ahora denominan, con no poco acierto, «reina de las mañanas».
En todas esas entrevistas que les relato (y muchas otras que me habré perdido), aparece la Cándida con naturalidad, desenvoltura y donaire, como si en toda la vida no hubiera hecho más cosa que codearse con periodistas. También he constatado que en dichas entrevistas es habitual mostrar unas breves imágenes del largometraje; como deferencia (digo yo) hacia los espectadores, Cándida y Guillermo llevan a cada programa un trocito distinto de película para que el público se vaya haciendo una idea en sus casas de por dónde van los tiros argumentales, pero también digo yo que menos mal que se acaba la promoción porque a este paso la iban a enseñar toda. Por fascículos como quien dice, pero enterita.







