Todo un honor para mí

Auto Fecha Miércoles 20 de Diciembre de 2006

candida_tv.jpgCibersaludos a todos los amigos de Internet; al habla Flores, portero en red, conserje informático y bedel computado. Me comunico con ustedes emocionado, conmovido y alegre como esas castañuelas que no pocas veces habrán repicado en la célebre taberna flamenca conocida por Casa Patas. No crean que se me ha subido el Quina Santa Catalina a la cabeza; enseguida les explico lo oportuno de tal comparación.

Resulta que ayer mismo nuestra amiga Cándida presentó a los medios de comunicación el largometraje del que tanto hemos hablado en este bloc. Fíjense si es buena y generosa que ella misma me invitó al evento, al que asistí con juvenil curiosidad a pesar de haber nacido antes de que la televisión llegara a España. Sepan ustedes (y si ya lo saben, disculpen mi torpeza) que es cosa común y corriente entre las gentes del cine (siempre me ha gustado referirme a ellos como «los artistas») presentar a la prensa las películas o films que hacen para que los plumillas se encarguen de propagar la buena nueva. El efecto buscado se denomina «promoción» y busca llenar las salas de niños, jóvenes y mayores para que el largometraje en cuestión sea un exitazo. Seré tan sincero como siempre: desconocía tales prácticas.

Pero vayamos al caso que nos ocupa; la película Cándida se proyectó en una sala de cine habilitada para periodistas. A pesar de la fama bohemia que arrastra tal profesión, el acto se celebró a las diez de la mañana y allí estaban un buen puñado de profesionales de la información, para que luego digan que son gente de hábito nocturno y mañanas horizontales. Más tarde, con la retina llena de las emociones fílmicas, nos dirigimos (permitan que me incluya en el grupo como un gregario más) hacia la arriba mencionada Casa Patas, restaurante que es punto de referencia del mundo del flamenco en Madrid, donde se celebró la llamada «rueda de prensa». A la vera de Cándida, se sentó nada menos que todo un director de cine llamado Guillermo Fesser, ya me dirán si se ha hecho importante o no nuestra buena amiga, aunque no estaban solos en el envite; también se encontraban distintos personajes de la película (Pablo, Mónica, Javi y Julián), aunque ninguno hacía de protagonista sino de ellos mismos en la vida real, hablando de lo a gusto que habían trabajado con Cándida. También estaba sentado un coguionista y coproductor llamado Javier Fesser, que digo yo que vaya casualidad que se apellide igual que el director.

La cosa es que allí todo el mundo preguntaba con interés mientras innumerables máquinas de retratar disparaban sus flashes sin desfallecer. Los fotógrafos gritaban educadamente: «¡Aquí, Cándida, aquí!», y Cándida los miraba a todos, saludaba y sonreía, no me digan que no es un sol. Por cierto, he comprobado que los fotógrafos profesionales ya no gustan de vestir chalecos caqui repletos de minibolsillos, con lo prácticos que parecían; ellos sabrán. Y no menos sorprendente me pareció la cantidad de técnicos con tomavistas empeñados en filmar a todos los artistas allí reunidos; me ha dicho Cándida que esté atento a la tele estos días, que algo puede salir.

Todo lo que les relato lo observaba con máxima atención, por novedoso y extraño para mí, pero no crean que la felicidad se acabó ahí; después de la tanda de preguntas se subió al escenario un cantante que responde por Antonio Pitingo (le pregunté a Cándida su nombre por lo impresionante de su voz) acompañado de uno de los chicos del combo conocido como Ketama, para marcarse un tema de Julio Iglesias que tiene un título muy raro pero que me recordó épocas tan pretéritas como dichosas. Por lo visto, la película de Cándida lleva una banda sonora ad hoc, esto es, disponible en compact disc, que es para chuparse los dedos.

¿Cabe mayor gozo que finalizar tantas emociones con música en directo? Pues sí que cabe amigos; otro día les hablaré de los pantagruélicos platazos rebosantes de queso manchego, sobrasada, croquetas y tortilla de patata que aparecieron por doquier. Estos periodistas sí que saben.

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