Sobre el casting de Cándida
La producción, como no podía se de otra manera en una película como esta, sufrió durante la preparación un montón de desgracias muy positivas. La mayor, a menos de diez días de rodajes perdimos a la actriz principal.
!Gracias a dios! Desesperados, hicimos nuevas pruebas a Cándida, a la que ya le habíamos rodado meses atrás varias escenas con un resultado decepcionante, y surgió el milagro…
Como habíamos probado sin éxito se me ocurrió pensar que tal vez Cándida no hubiese entendido lo que necesitábamos de ella. Me reuní con ella varios días y le expliqué en qué consistía el proyecto y por qué quería que fuese la protagonista. Le dije lo del homenaje a las asistentas, lo de que quería que después de una vida tan dura tuviese una vejez llena de cariño y reconocimiento, lo de que su papel en la vida, como el de otras tantas mujeres, había sido decisivo, aunque no se reconociera públicamente, para conseguir la España que ahora disfrutábamos. Y le conté la película como un cuento. Hasta que se la supo de memoria. Hasta que fue capaz de distinguir su propia vida de la ficción, aunque esta contuviera elementos de esa vida propia. Entonces quedamos en mi casa un domingo por la mañana. Cité al director de fotografía, Josep Civit y a los de sonido. Rodamos en la cocina la escena del aborto. Recuerdo que estaba mirando por el monitor, los encuadres y esas cosas, y llegó un momento en el que aparté el cacharro y clavé mis ojos en Cándida. Me estaba atrayendo como un imán, me estaba haciendo llorar, me estaba emocionando profundamente. Pedí que cortaran y la di un abrazo. Teníamos actriz.
Ella no lo veía claro. Decía que era mejor que lo hiciese una profesional. Se había familiarizado ya con la otra; a la que incluso le había sacado un parecido. Yo lo que quiero es que triunfes tu, me decía.
Su hijo Ramón, al que acababan de hospitalizar, me escribió una carta entusiasta con la idea de que saliese su madre y pidiéndome un cameo. Jesús, el otro hijo al que fuimos a ver a la residencia Monigote y yo, se mostró también entusiasta y dispuesto a colaborar. Jesús sale en una escena junto a Monigote cuando ven la tele en la residencia. Lo de Ramón no pudo ser. Empezó de asesor de su madre y durante los ensayos la iba corrigiendo. Que no mama, que no te enteras de nada, que eso lo que pasa es que… y Cándida se llevaba la mano a la boca para que no se le notara la risa que le daba el despropósito de su hijo. Algún familiar puso pegas. Cándida le respondió que ella iba a contar la historia de su vida, que cuando esta persona hiciese otra película, que contase su versión de la historia. Y punto.
Antes de llegar a Cándida Villar probamos cientos de actrices… Con Cándida Villar fue con la única persona con la que nos reíamos y llorábamos en una misma escena. Con el resto, o se lo llevaban a la tragedia y se te ponía mal cuerpo, o se lo llevaban a la parodia y quedaba un poco falso. Esa facilidad de Cándida para pasar como el Ferrari de 0 a 100, de la tragedia a la carcajada no la he visto en ningún otro sitio.
Algo parecido nos pasó con Julián. Le teníamos al lado y no nos habíamos dado cuenta. La prueba fue un despelote. Apareció Monigote con las cejas pintadas como en el cine mudo y unos pantalones atados sobre la cintura, bastante más altos de lo que estamos acostumbrados a ver en estos tiempos que corren. Nos confesó que comprándolos el dependiente le había dicho que era un chico fuerte de caderas.
Es cierto que la adversidad, en pequeñas dosis, tiene su aliciente de reto y te hace saltar más alto, igual que cuando te persigue un toro. Ante la presencia de un tigre solamente te quedan dos alternativas: huir o atacar. En cualquiera de ambas decisiones te sorprenderás de la fuerza que te sale de dentro, o para correr veloz o para gritar y enseñar los dientes.
Recuerdo un chiste publicado en la revista norteamericana The New Yorker, una chica hablaba a sus padres ancianos y les recriminaba: papa, mama, gracias por procurarme una infancia feliz, habéis arruinado toda posibilidad de que me convierta en una gran escritora.
Hoy no se me puede ocurrir esta película sin Cándida representándose a ella misma.







