Así se consigue producir una película

Auto Fecha Lunes 4 de Diciembre de 2006

guillecamara.jpgUna vez escrita la película, había que buscarse la vida para conseguir una productora. Siendo un director novato es complicado, así que escribí un texto en el que describía pormenorizadamente en qué consistía este proyecto. Por lo que se ve, fui bastante convincente porque Sogecable picó.

CÁNDIDA (La Película)

Cándida es una película realista puesto que narra personajes y acontecimientos posibles.

Es una obra realista, con escenarios realistas y fácilmente reconocibles, por los que se mueve una Vera Drake estilo Jaén 1940, que se acopla fácilmente a la idea que todos tenemos de aquella asistenta que solía trabajar en casa de… y que era un elemento muy particular.

El telediario en el que Pablo introduce a Cándida al gran público obedece al deseo que cualquier profesional de la información que haya presentado un espacio de noticias ha experimentado alguna vez. Es el artículo final de Sostiene Pereira. No es un hecho histórico pero si un hecho posible y como tal aparece en pantalla narrado con naturalidad. Sin magias, sin fantasías, porque el encuentro con Cándida (el mundo real en estado puro, los sentimientos básicos) posibilita de forma lógica la caída del mundo teóricamente feliz (el trabajo, el poder, el éxito).

Cándida es una película intimista. Entre las rendijas de los diálogos y de las acciones se cuelan miradas, silencios, suspiros, más silencios, bostezos, lágrimas, y más silencios… que nos llevan a entender lo que esta mujer está pasando y, entonces, a admirar el optimismo con el que intenta sacar adelante a los suyos. Es un personaje para encariñarse tanto como lo hicimos con el profesor de Los Chicos del Coro (no regala partituras a gamberros, pero si geranios a una marquesa deleznable) o el proyeccionista de Cinema Paradiso (no transmite a un niño su pasión por el cine, pero si a Pablo la pasión por anteponer el amor al resto de los sentimientos).

En este sentido Cándida es una película sin grandes movimientos de cámara. Asistimos por una mirilla a la vida íntima de unas personas y no necesitamos cambios incesantes de plano o aproximaciones rápidas que nos saquen de la atmósfera que están creando los actores. ¿Berlanga? El telediario, por poner un ejemplo, más que una recreación de realización televisiva viene a parecerse más bien a la escena del portero automático de El Hijo de La Novia.
¼br /> Cándida es un cuento posible como La Vida es Bella. Sabemos que no pasó pero… ¿por qué no podría haber pasado? Igual que en el film de Benigni el escenario es real pero los personajes son especiales. No falsos. No mágicos. No imposibles. Especiales. Y dentro de esa carne y hueso que tienen los personajes, como el protagonista del campo de exterminio, Cándida sufre y no se queja. Al revés, utiliza cualquier elemento a su alcance para alegrar la vida a los demás. Por ello cuando sale del gris de planos cortos y poco apetecibles de San Blas, al Madrid del 2012 de planos generales y alegría en rostros y escaparates, lejos de envidiar lo que no tiene, respira hondo y se llena de esa luz que luego irá repartiendo a lo largo del día.

El humor es un vehículo para poder dar capotazos al toro de la vida que cornea diariamente, pero el motor no es la risa. El motor de esta película es, como en el cine Frank Capra, la fuerza moral de Cándida que, para el público intelectualmente menos exigente, culmina como en las comedias del norteamericano en moraleja: una madre siempre tiene que estar junto a sus hijos.

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